Lo que nunca llegaré a ser
Cof, cof! Permiso. Si, soy yo, en trabajo de limpieza, reviviendo, en una de esas instancias en que te das cuenta que lo simple es maravillosamente más agradable que lo complejo y planeado. Por comentarios recibidos, se habrán dado cuenta que ya tengo poca vida internetistica, debido principalmente a que estoy trabajando (si!), me mato los pies en ello, adquiero un cansancio casi endémico, pero se gana buena guita al menos, que alcance para despabilar durante las vacaciones (si es que tengo), mientras que mis cercanos carretean de lo lindo, pasean a la playa y yo asfixiándome en el asfalto capitalino con frases como "cuanto le va a echar" o "hacemos limpieza". En fin, que se le va a hacer.
Siempre ha sido una sombra que me ha acechado pero a la cual siempre le he hecho el quite, pero la envidia es un rasgo de mi personalidad bastante dominante, más de lo que mi sistema moral católico no-practicante permite. Y tampoco es una envidia de esas mal llamadas "sanas": "que envidia, pero de la buena, no me malinterpretes, me da que te hayan regalado esa bicicleta", "me da una envidia sana verte feliz con tu nuevo trabajo" o esas cosas así que los puntillistas eufemísticos gozan modulando, sino unna envidia a veces malsana, humana, demasiado humana como diría el bigote e' brocha alemán. Pero la buena noticia es que la consigo mantener a raya la mayoría de las veces, sin contar con que me jacto de ser un buen actor en lo cotidiano: nunca se sabe en lo que estoy pensando. Y donde mi envidia se manifiesta con más fuerza es cuando conozco a personas que son o tienen cosas que yo quise o quiero tener, pero sé que nunca lo haré. Desde cosas tan pequeñas como cuando iba a karate y veía a compadres levantar la pierna alto, muy alto, y yo con suerte lograba proyectarla a la altura del pecho, o en el colegio cuando todos andaban con cd players y yo obligado a cabecear en los largos trayectos desde y hacia mi casa, como al conocer personas que de su vida han hecho un paraíso de la mía: patiperros, viajeros compulsivos y con la facilidad para hacerlo, simples personas con una profunda riqueza interior, etc. Cosas que nunca llegaré a hacer, porque no tengo los medios y aunque los tuviera, me falta el valor y la energía necesarias para llevarlos a cabo sin fijarme tanto en los costos y los porrazos antes de alcanzar la meta, en una suerte de antimaquiavelismo, donde el medio cuenta más que el fin. Mis envidias son en gran parte materiales, sin duda porque en lo espiritual o humano propiamente tal, debo agradecer tener a mi alrededor a personas que realmente valen la pena, aquellos amigos cuyo número no alcanza a equiparar la cantidad de dedos en una mano, y de mi familia, una excepción comparada con los mil y un problemas de los hogares de mis amigos, que casi sin excepción están en estado crítico.
Sin embargo, no es sino cuando uno lo tiene todo, es que quiere más, lo imposible. Tengo, tengo tengo, y quiero más, porque también soy un inconformista por natulareza (aunque a estas alturas del partido quién no lo es), y como dice la frase de una canción, "cuando tomo agua ya no tengo sed", sino que ya no quiero esa agua, sino otra mejor.
Créanme, a todos los que probablemente estén leyendo esta entrega, los envidio de alguna manera. El punto es que nunca les diré qué es lo que les envidio. Nunca les daré ese placer.
La página del día (para no romper con la tradición) : http://www.crissangel.com . Qué David Blaine ni que nada, éste si que es mago. Para muestra un botón
Nos vemos!
Siempre ha sido una sombra que me ha acechado pero a la cual siempre le he hecho el quite, pero la envidia es un rasgo de mi personalidad bastante dominante, más de lo que mi sistema moral católico no-practicante permite. Y tampoco es una envidia de esas mal llamadas "sanas": "que envidia, pero de la buena, no me malinterpretes, me da que te hayan regalado esa bicicleta", "me da una envidia sana verte feliz con tu nuevo trabajo" o esas cosas así que los puntillistas eufemísticos gozan modulando, sino unna envidia a veces malsana, humana, demasiado humana como diría el bigote e' brocha alemán. Pero la buena noticia es que la consigo mantener a raya la mayoría de las veces, sin contar con que me jacto de ser un buen actor en lo cotidiano: nunca se sabe en lo que estoy pensando. Y donde mi envidia se manifiesta con más fuerza es cuando conozco a personas que son o tienen cosas que yo quise o quiero tener, pero sé que nunca lo haré. Desde cosas tan pequeñas como cuando iba a karate y veía a compadres levantar la pierna alto, muy alto, y yo con suerte lograba proyectarla a la altura del pecho, o en el colegio cuando todos andaban con cd players y yo obligado a cabecear en los largos trayectos desde y hacia mi casa, como al conocer personas que de su vida han hecho un paraíso de la mía: patiperros, viajeros compulsivos y con la facilidad para hacerlo, simples personas con una profunda riqueza interior, etc. Cosas que nunca llegaré a hacer, porque no tengo los medios y aunque los tuviera, me falta el valor y la energía necesarias para llevarlos a cabo sin fijarme tanto en los costos y los porrazos antes de alcanzar la meta, en una suerte de antimaquiavelismo, donde el medio cuenta más que el fin. Mis envidias son en gran parte materiales, sin duda porque en lo espiritual o humano propiamente tal, debo agradecer tener a mi alrededor a personas que realmente valen la pena, aquellos amigos cuyo número no alcanza a equiparar la cantidad de dedos en una mano, y de mi familia, una excepción comparada con los mil y un problemas de los hogares de mis amigos, que casi sin excepción están en estado crítico.
Sin embargo, no es sino cuando uno lo tiene todo, es que quiere más, lo imposible. Tengo, tengo tengo, y quiero más, porque también soy un inconformista por natulareza (aunque a estas alturas del partido quién no lo es), y como dice la frase de una canción, "cuando tomo agua ya no tengo sed", sino que ya no quiero esa agua, sino otra mejor.
Créanme, a todos los que probablemente estén leyendo esta entrega, los envidio de alguna manera. El punto es que nunca les diré qué es lo que les envidio. Nunca les daré ese placer.
La página del día (para no romper con la tradición) : http://www.crissangel.com . Qué David Blaine ni que nada, éste si que es mago. Para muestra un botón
Nos vemos!













